schopenhauer
"Querer es
esencialmente sufrir, y como vivir es querer, toda vida es por esencia dolor.
Cuanto más elevado es el ser, más sufre... La vida del hombre no es más que una
lucha por la existencia, con la certidumbre de resultar vencido. La vida es una
cacería incesante, donde los seres, unas veces cazadores y otras cazados, se
disputan las piltrafas de una horrible presa. Es una historia natural del
dolor, que se resume así: querer sin motivo, sufrir siempre, luchar de
continuo, y después morir... Y así sucesivamente por los siglos, de los siglos
hasta que nuestro planeta se haga trizas."

Sören Kierkegaard
(Copenhague, 1813-id., 1855) Filósofo danés. Hijo del segundo matrimonio de un acaudalado
comerciante de estricta religiosidad, era el menor de siete hermanos. Jorobado
de nacimiento, la opresiva educación religiosa que vivió en la casa paterna
está en la base de su temperamento angustiado y su atormentada religiosidad,
origen de numerosas crisis. Sin embargo, de puertas afuera mantuvo una disipada
vida social, en la que se distinguía por la brillantez de su ironía y su
sentido del humor.
Sören Kierkegaard
Sin razón aparente, renunció a su compromiso con
Regina Olsen cuando estaban a punto de casarse, en 1841, al parecer a causa de
una nueva crisis que le empujó a abrazar una vida religiosa, en el peculiar
sentido que ello tenía para él. Sin embargo, antes de defender la fe como la
única vía para evitar la caída en la desesperación, los primeros escritos de
Kierkegaard trataban de los dos estadios previos de la existencia humana, según
la teoría de los tres estadios que propuso en O lo uno o lo otro, que guarda cierto paralelo con su propia
existencia; distinguió, en este sentido, el estadio estético y el ético, que se
completarían con el ya mencionado estadio religioso. Escribió con seudónimo los
libros en que reconstruía el discurso del esteta, y también los que dedicó al
estadio ético.

Sólo cuando entró en la fase del estadio religioso,
a partir del año 1848, abandonó el uso de seudónimos. Éstos no respondían a la
voluntad de ocultar su identidad, sino a la intención de dar a cada personaje
un nombre y apellido propios (Victor Eremita, Nicolaus Notabene, Johannes
Climacus, Johannes de Silentio, Constantin Constantinus...) con los cuales
caricaturizar una de las múltiples formas en que los hombres resuelven su
existencia. El esteta sería aquel individuo que, angustiado ante la
imposibilidad de determinar por sí mismo la buena dirección de su propia vida,
suspendiese las decisiones para evitar equivocarse: nada es preferible excepto
si produce placer. Por eso, el esteta acabará dedicando toda su vida a
encontrar la fórmula en que haya quedado absolutamente desterrada la angustia.
Esta figura encuentra su mejor ejemplo en Diario de un seductor, donde el goce de la vida como momentos aislados
de placer es lo único que guía al protagonista.
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