No todas las personas son como uno cree, a veces pensamos
que hay muchas personas excelentes pero según el libro son muy pocas las que
llegan a esta excelencia, por que?. Por que la mayoría de las personas hacemos
las cosas por hacerlas, muchas veces no le ponemos empeño a lo que nos piden y
hacemos estrictamente lo necesario y no vamos mas allá de nuestras habilidades
para poder llegar a ser verdaderos hombres y mujeres que le sirven de manera
total a la sociedad.

En la biblia encontramos varios ejemplos de animales que no
son ´´mediocres´´, entre estos encontramos el ejemplo de la abeja y la hormiga.
Al ver la vida de una abeja podemos admirar como es que vive y trabaja, su
instinto las lleva a trabajar sin cesar, con perseverancia, diligencia y una
productividad asombrante. Ellas tiene una vida muy corta pero esto no les
impide para alcanzar a producir varios gramos de miel siendo ella tan pequeña y
su vida tan corta. Al lado de la abeja encontramos el zangano, este no se mata
trabajando como la abeja, este es el símbolo del hombre mediocre, vive del
trabajo ajena, del trabajo de los excelentes, delos sabios, de los que le
verdaderamente le sirven a la sociedad. Cuanto mas progreso y felicidad habria
en esta sociedad, sino existieran los mediocres y sí muchos sabios. Salomón en
Proverbios nos da el segundo ejemplo que es muy claro, “ve a la hormiga , oh
perezoso, mira sus caminos, y se sabio”.
Ingenieros, José (1877-1925), filósofo argentino. Nació en
Buenos Aires y ejerció una gran influencia en el pensamiento de su tiempo. Tras
haber estudiado medicina, fue uno de los introductores de la sicología en su
país, participando del positivismo imperante en la época quizá como la última
gran figura de ese pensamiento tan enraizado en el siglo XIX.

Escribió, entre
otras muchas obras, La simulación en la lucha por la vida (1903), su tesis
doctoral, adscrita a la intensa corriente darwinista en la Argentina de aquella
época, Sicología genética (1911) y El hombre mediocre (1913), su obra más
importante de sicología social, en la que describía al hombre moldeado por el
medio, sin ideales ni individualidad. En una de sus obras más originales
(Proposiciones relativas al porvenir de la filosofía, 1918) Ingenieros
desarrolló una versión particular del positivismo que hacía posible la
metafísica. Afirmaba que es posible reconocer, en toda forma de experiencia, un
"residuo experiencial" que no es incognoscible, aunque no tenga un
carácter trascendental. Este residuo, que resulta accesible al conocimiento y
la experiencia humana, es el objeto de una nueva metafísica, distinta a la
ciencia positiva. Fue miembro del Partido Socialista, fundado por Juan B.
Justo, y defendía la idea de que la lucha de clases era una de las
manifestaciones de la lucha por la vida. Durante algún tiempo defendió cierto
tipo de biologismo social.
Los seres cuya imaginación se llena de ideales y su
sentimiento atrae hacia ellos la personalidad entera son los IDEALISTAS. El
ideal es un gesto del espíritu hacia alguna perfección. Los filósofos del
futuro irán poniendo la experiencia como fundamento de toda hipótesis legitima,
no es arriesgado pensar que en la ética venidera florecerá un idealismo moral.
Un ideal no es una formula muerta, sino una hipótesis perfectible; la evolución
humana es un esfuerzo continuo del hombre para adaptarse a la naturaleza, que
evoluciona a su vez. Un ideal es un punto y un momento entre todo lo posible
que puebla el espacio y el tiempo, evolucionar es variar. En la evolución
humana varia incesantemente el pensamiento. La vida tiende naturalmente a
perfeccionarse.

A medida que la experiencia humana se amplia, observando la
realidad, los ideales son modificados por la imaginación, que es plástica y no
reposa jamás. Los ideales son, por ende, reconstrucciones imaginativas de la
realidad que deviene. Un ideal colectivo es la coincidencia de muchos
individuos en un mismo afán de perfección. Todo ideal es una fe en la
posibilidad misma de la perfección. Hay tantos idealismos como ideales; y
tantos ideales como hombres aptos para concebir perfecciones y capaces de vivir
hacia ellas. La experiencia, solo ella, decide sobre la legitimidad delos
ideales, en cada tiempo y lugar. Sin ideales seria inexplicable la evolución
humana. Los hubo y los habrá siempre. Seres desiguales no pueden pensar de
igual manera.
Los espíritus afiebrados por algún ideal son adversarios de la
mediocridad: soñadores contra los utilitarios, entusiastas contra los apáticos,
generosos contra los calculistas, indisciplinados contra los dogmáticos. Todo
idealista es un hombre cualitativo: posee un sentido de las diferencias que le
permite distinguir entre lo bueno y lo malo que observa, y lo mejor que
imagina, sin ideales seria inconcebible el progreso. Todo porvenir ha sido una
creación de los hombres capaces de presentirlo, concretándolo en infinita
sucesión de ideales.

Los idealistas aspiran a conjugar en su mente la
aspiración y la sabiduría; todo idealismo es, por eso, un afán de cultura
intensa: cuenta entre sus enemigos mas audaces a la ignorancia, madrastra de
obstinadas rutinas. Los idealistas suelen ser esquivos o rebeldes a los
dogmatismos sociales que lo oprimen. Todo idealismo es exagerado, necesita
serlo. Y debe ser cálido su idioma, como si desbordara la personalidad sobre lo
impersonal. Se distinguen dos tipos de idealistas, según predomine en ellos el
corazón o el cerebro. El idealismo sentimental es romántico: la imaginación no
es inhibida por la critica y los ideales viven de sentimiento. En el idealismo
experimental los ritmos afectivos son encarrilados por la experiencia y la
critica coordina la imaginación: los ideales tórnense reflexivos y serenos.
Corresponde el uno a la juventud y el otro a la madurez, el primero es
adolescente, crece, puja y lucha; el segundo es adulto, se fija, resiste,
vence. Los idealistas románticos son exagerados por que son insaciables. El
hombre incapaz de alentar nobles pasiones esquiva el amor como si fuera un
abismo; ignora que el pone en manifiesto todas las virtudes y es el mas eficaz de
los moralistas. Vive y muere sin haber aprendido amar. En todo lo perfectible
cabe un romanticismo; su orientación varia con los tiempos y con las
inclinaciones. En todo lo perfectible cabe un romanticismo; su orientación
varia con los tiempos y con las inclinaciones.

Las rebeldías románticas son
embotadas por la experiencia. Los romanticismos no resisten a la experiencia
critica: si duran hasta pasados los limites de la juventud, su ardor no
equivale a su eficiencia. El idealista estoico mantienese hostil a su medio, lo
mismo que el romántico. Su actitud es de abierta resistencia a la mediocridad
organizada, resignación desdeñosa o renunciamiento altivo sin compromisos.
LA MEDIOCRACIA

En raros momentos la pasión caldea la historia y los
idealismos se exaltan: cuando las naciones se constituyen y cuando se renuevan.
Platón, sin quererlo, al decir de la democracia:” es el peor de los buenos
gobiernos, pero es el mejor entre los malos” definió la mediocracia. Políticos
sin vergüenza hubo en todos los tiempos y bajo todos los regímenes; pero
encuentran mejor clima en las burguesías sin ideales. Siempre hay mediocres.
Son perennes. Lo que varia es su prestigio y su influencia. En las épocas de
exaltación renovadora muéstrense humildes, son tolerados; nadie los nota , no
osan inmiscuirse en nada. Cuando se entibian los ideales y se reemplaza lo
cualitativo por lo cuantitativo, se empieza a contar con ellos. Los gobernantes
no crean tal estado de cosas y de espíritus: lo representan. Florecen
legisladores, pululan archivistas, cuentéense los funcionarios por legiones:
las leyes se multiplican, sin reforzar por ello su eficacia. En vez de héroes,
genios o santos, se reclama discretos administradores. Pero el estadista, el
filosofo, el poeta, los que realizan, predican y cantan alguna parte de un
ideal están ausentes. Nada tiene que hacer. Cuando falta esa comunidad de
esperanzas, no hay patria, no puede haberla: hay que tener ensueños comunes, anhelar
juntos grandes cosas y sentirse decididos a realizarlas, con la seguridad de
que al marchar todos en pos de un ideal, ninguno se quedara en mitad de camino
contando sus talegas. No hay manera mas baja de amar a la patria que odiando a
las patrias de los otros hombres, como si todas no fueran igualmente dignas de
engendrar en sus hijos iguales sentimientos.

La exigua capacidad de ideales
impide a los espíritus bastos ver en el patrimonio un alto ideal; los trafugas
de la moral, ajenos a la sociedad en que viven, no pueden concebirlo; los
esclavos y los siervos tiene, apenas, un país natal. Solo el hombre digno y
libre puede tener una patria. Cuando las miserias morales asolan a un país,
culpa es de todos los que por falta de cultura y de ideal han sabido amarlo
como patria: de todos los que vivieron de ella sin trabajar para ella. Nadie
piensa donde todos lucran; nadie sueña donde todos tragan. Es de ilusos creer
que el merito abre las puertas de los parlamentos envilecidos. Los partidos -o
el gobierno en su nombre- operan una selección entre sus miembros, a expensas
del merito o a favor de la intriga. Un soberano cuantitativo y sin ideales
prefiere candidatos que tengan su misma complexión moral: por simpatía y por
conveniencia. Los complices, grandes o pequeños, aspiran a convertirse en
funcionarios. Ese afán de vivir a expensas del estado rebaja la dignidad. El
merito queda excluido en absoluto; basta la influencia. Con ella se asciende
por caminos equívocos. Halagar a los ignorantes y merecer su aplauso,
hablándoles sin cesar de sus derechos, jamás de sus deberes, es el postrer
renunciamiento la propia dignidad. Tener un ideales crimen que no perdonan las
mediocracias. Quien vive para un ideal no puede servir para ninguna
mediocracia. La aristocracia del merito es el régimen ideal, frente a las dos
mediocrecias que ensombrecen la historia. Tiene la formula absoluta: “la
justicia en la desigualdad”.
LOS FORJADORES DE IDEALES
Todo lo que vive es incesantemente desigual. Nacen muchos
ingenios excelentes en cada siglo, encuentran el momento adecuado para llegar a
ser lo que son. Ese es el secreto de su gloria: coincidir con la oportunidad
que necesita de el.
La obra de genio no es fruto exclusivo de la inspiración
individual, otorgar ese titulo a cuantos descuellan por determinada aptitud
significa mirar como idénticos a todos los que se elevan sobre la medianía.
Ninguna clasificación es justa por que la genialidad no se clasifica. Un libro
es mas que una intención: es un gesto. La adaptación es mediocrizadora.
El genio se abstrae; el alienado se distrae. Por eso, con
frecuencia, toda superioridad es un destierro. Son inquietos: la gloria y el
reposo nunca fueron compatibles.
Solo esta vencido el que confiesa estarlo. El genio por su
definición, no fracasa nunca. Por eso los hombres excepcionales merecen la
admiración que se les profesa. Si su aptitud es un don de la naturaleza,
desarrollarla implica un esfuerzo ejemplar.
Los mas bellos dones requieren ser cultivados como las
tierras mas fértiles necesitan ararse.
La memoria no hace al genio, aunque no le estorba; pero
ella, y el razonamiento a sus datos, no crean nada superior a lo real que
percibimos.

Mientras existan corazones que alienten un afán de
perfección, serán conmovidos por todo lo que revela la fe en un ideal: por el
canto de los poetas, por el gesto de los héroes, por la virtud de los santos,
por la doctrina de los sabios, por la filosofía de los pensadores.




