jueves, 12 de noviembre de 2015

ALGUNAS IDEAS BÁSICAS SOBRE FEUERBACH

Feuerbach ha padecido tradicionalmente un problema de lectura: ya no es Hegel, pero “todavía” no es Marx. Emparedado entre dos grandes, la aportación de Feuerbach parece “menor”, sin serlo.
Un error demasiado frecuente es el de leerlo como un filósofo del ateísmo o como un crítico de la religión: Es más fecundo considerarlo como un antropólogo o como un crítico de la ontología hegeliana. Su crítica a la religión es, tal vez, una excusa para plantear una antropología filosófica pensada desde la autonomía. Y en todo caso, la religión debe ser a la vez denunciada y convertida en un síntoma o un indicio del malestar de lo humano, por lo que no tiene demasiado sentido luchar contra ella sin comprender, previamente, la profunda miseria que la propia humana necesidad de consuelo lleva implícita.


DE FEUERBACH A MARX


A mediados del siglo pasado, fue Louis Althusser quien revalidó la influencia de Feuerbach en Marx, aunque a precio de devaluar el hegelianismo. Para Althusser, lo que convertiría al “joven Marx” (el anterior a 1845) en un feuerbachiano es su incidencia en el humanismo, mientras que el Marx posterior al Manifiesto habría dado paso a una nueva problemática científica, la del materialismo histórico, con el desarrollo de los estudios sobre el modo de producción como elemento de ruptura “científico” respeto a la incidencia de la antropología en el período anterior. En “El Capital” lo que tendríamos es “filosofía en estado práctico”, mientras que el Marx de los Manuscritos de París sería aún un humanista teórico, o un revolucionario en formación, no esencialmente diferente de los diversos “socialistas utópicos” de su época.
No entraremos aquí en el análisis sobre si hay realmente dos Marx o si el segundo es una extensión coherente de la problemática planteada por el primero. Es demasiado simple interpretar la última de las tesis sobre Feuerbach como una desautorización de la filosofía oponiendo “interpretación” a “transformación” del mundo. Está filológicamente demostrado que fue Engels quien introdujo el famoso “pero” entre ambas frases y que Marx pretendía decir algo bastante obvio: que sin interpretación del mundo no hay transformación coherente de la realidad –y no que la interpretación fuese insuficiente.
En todo caso, hay ya en el “joven Marx” una crítica coherente de Feuerbach de quien toma una idea básica, de corte positivista, que le acompañará siempre (la de la ideología como creencia en “espectros”) pero que se separa de la crítica religiosa de Feuerbach en la manera misma de entender el sentido de la religión.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario