San buenaventura
Su verdadero nombre es Juan de Fidanza, que era el de su
padre. Nació en Bagnorea, cerca de Vierbo, en Toscana. Se dice que el
sobrenombre de Buenaventura, con el cual es universalmente conocido, se le dio
a consecuencia de una curación milagrosa lograda, durante su infancia, o por el
taumaturgo San Francisco de Asís en persona, o por su propia madre Ritella, que
quiso expresar así su gratitud por el “feliz acontecimiento” (buona ventura).
La Orden de San Francisco estaba entonces en plena
florescencia. En el Convento de los Frailes Menores de su pueblo natal fue
donde el niño hizo sus primeros estudios. Pero a la edad de l7 años, en l236,
ya estaba él en París y rápidamente conquistaba el título de “maestro en
artes”.
Primeramente estudiaba del ideal franciscano, en el que veía
una reviviscencia del Cristianismo más auténtico, también sintió por un momento
la tentación muy normal de abrazar una carrera menos austera. Pero -----primera
característica del sentimiento que había de dominar toda su vida-----, el solo
recuerdo de la Pasión de Cristo bastó para disipar sus vacilaciones.
Novicio y estudiante, fue el discípulo de los más reputados
maestros: Juan de la Rochela, Guillermo de Auvernia, y sobre todo el célebre
franciscano Alejandro de Hales, a quien llamaba “maestro y padre” y de quien
fue también el preferido por razón de sus dotes intelectuales extraordinarias y
aún más por el transparente candor de su alma: “¡No parece sino que el pecado
de Adán no lo hubiera alcanzado a él!”, decía de él su maestro.
Obtuvo el grado de Bachiller bíblico en l248. Comienza a
“leer la Sagrada Escritura”, luego a comentar las Sentencias de Pedro Lombardo.
Viene a ser entonces colega de Santo Tomás y contrae con él una conmovedora
amistad que a despecho de ciertas divergencias de método no se debilitán jamás.
Maestro de la Universidad de París en l253, inaugura sus
cursos de teología con brillantes exposiciones sobre los misterios de la
Trinidad y de Cristo. Interviene luego vigorosamente en la querella suscitada
pos Guillermo de Saint-Amour entre seculares y religiosos, en la que se
objetaba de manera particular la presencia de las Ordenes Mendicantes en las
cátedras de la Universidad.
Parecía definitivamente rota la carrera del joven profesor
cuando en l257, a sus treina y seis años, fue electo Ministro General de su
Orden, en substitución de Juan de Parma, que había renunciado. Otra carrera se
habría ante él, en la cual no causaría menor admiración, pues la sabiduría de
su administración y el prestigio de su talento y de su virtud le valieron que
sus contemporáneos le otorgaran el título de “segundo fundador” de la Orden
franciscana. En efecto, el relajamiento y la división comenzaban a introducirse
en la milicia del Poverello de Asís. Las visitas personales del nuevo Ministro
en todas las provincias y en todos los conventos reanimaron la primitiva flama.
Seis capítulos generales corrigieron los abusos, sobre todo los relativos al
espíritu de pobreza, y revisaron las constituciones. Se dio un nuevo impulso a
la doble orientación de la Orden: la vida mística y la vida misionera,
particularmente en los países del Islam. A petición de los capitulares, se
decidió él a escribir la vida de San Francisco: el poner bajo los ojos de los
religiosos los ejemplos concretos de su fundador y modelo ¿no era el medio
eficaz de recordarles su vocación y de estimular su generosidad? Con esta
finalidad, Buenaventura siguió literalmente lospasos del estigmatizado de
Alvernia: quiso visitar los lugares que guardaban el recuerdo de su presencia,
interrogar a los testigos que le habían sobrevivido, penetrarse él mismo de la
mentalidad cuyas huellas encontraba. Por este motivo Tomás de Aquino canonizó
nuy gentilmente a su amigo: “Dejemos ----dijo---- que un santo escriba la vida
de otro santo”.
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