ONTOLOGIA

A partir de una concepción estratificada de la realidad basada en un materialismo pluralista y emergente, aparece el problema de la concepción de una ontología que de cuenta del ser social. Este ámbito de la realidad abarca el Espíritu (Hegel) en sus aspectos subjetivo, objetivo (histórico y social) y absoluto (cultural). La subjetividad humana solo tiene sentido en el seno de una sociedad y en relación con ella. La ontología del ser social esta relacionada con la ontología del ser natural y están en continua interrelación.
La actividad humana se realiza siempre en un contexto natural que se presenta como exterior e independiente, oponiendo resistencia. La naturaleza a través del trabajo es de naturaleza artificial y social; no podemos olvidar, que desde el punto de vista ontológico, dicha naturaleza presenta un resto no humano. El dar importancia a la actividad humana solamente puede hacernos caer en idealismos de la praxis (Merleau-Ponty, Sartre…); en estas concepciones se atenúa la radicalidad ontológica de la materialidad, su existencia objetiva, y se la coloca en dependencia de una instancia subjetiva, que se considera como condición ontológica de posibilidad; no tienen en cuenta que el sujeto, es a su vez, un elemento de dicha realidad objetiva y que su carácter constituyente trascendental, depende de su empiricidad objetiva.
El anti-industrialismo romántico, presenta una naturaleza intocada como ideal al que retornar. El impulso fáustico y prometeico de dominar tecnológicamente la naturaleza es un rasgo esencial del ser práxico. En su relación con la naturaleza hay un carácter co-creador.

El mundo sensible está formado por los objetos que están al alcance de nuestra vista, estos tienen una vida finita, al igual que los seres vivos nacen y mueren, al decir esto se sobreentiende que no son perfectos pues la perfección es eterna.

El mundo inteligible
El cual está formado por las realidad
más absoluta; las ideas, las cuales perduran sin variar a lo
largo del tiempo y son los modelos de los objetos del mundo
sensible. Además estos “objetos” no pueden ser analizados
por nuestros sentidos sino por nuestra parte racional.
Las ideas son las esencias de las cosas sensibles porque
para que haya un hombre justo antes tiene que haber una
idea de hombre y otra de justicia, por tanto, es una imitación
imperfecta del mundo inteligible.
Según Platón la tarea de todo filósofo es realizar un camino
que comprenderá desde el mundo sensible al mundo de las
ideas y contemplar la idea de bien, como el mismo dice es
“la ascensión al ser”.

Platon:
Distingue dos mundos o conjuntos de fenómenos: el mundo sensible y el mundo inteligible. El mundo sensible es el mundo al que tenemos acceso a través de los sentidos. En él hay dos tipos de entidades: las sombras e imágenes de los objetos, y los objetos físicos.
Los objetos físicos son cambiantes por lo que cualquier conocimiento sobre ellos es relativo y temporal.
De acuerdo al pasaje de la línea, este mundo se corresponde con el no-ser y la ignorancia. La imágenes de los objetos materiales dan lugar a una representación confusa (imaginación), mientras que los objetos materiales dan lugar a una representación más precisa (creencia). Ambas formas pertenecen a la opinión (doxa) y no constituyen conocimiento verdadero.
EL SER
La vía de la verdad se muestra como el único camino realmente practicable para el filósofo Parménides, pues, como dice la diosa, los dos únicos caminos de investigación que se pueden concebir son: «El uno, que el ser es y que el no-ser no es. Es el camino de la certeza, ya que acompaña a la verdad. El otro, que el ser no es y que necesariamente el no-ser es. Este camino es un estrecho sendero, en el que nada iluminará tus pasos. Ya que no puedes comprender lo que no es, pues no es posible, ni expresarlo por medio de palabras. Porque lo mismo es pensar y ser. Es necesario decir y pensar que lo que es, es, ya que el ser es y el no-ser no es; afirmaciones que te invito a considerar bien.»[1]
De esta afirmación de la diosa se derivan toda una serie de consecuencias: El ser es único. Sólo hay un ser, pues caso que no fuera así, ¿qué los diferenciaría?. No podría diferenciarlos algo que es, puesto que, en cuanto que esta diferencia es, es (sigue siendo ser y, por tanto, no es diferente del ser). Ni menos aún podría diferenciarlos lo que no es, puesto que lo que no es no es. Así, mediante un proceso de razonamiento por reducción al absurdo, Parménides señala la unicidad del ser).
El ser es eterno: «No fue, ni será, porque es a la vez entero en el instante presente, uno, continuo. Pues, ¿qué origen puedes buscarle? ¿Cómo y de dónde habrá crecido? No te dejaré decir ni pensar que es del no-ser. Ya que no puede decirse ni pensarse que no es. ¿Qué necesidad lo hizo surgir más pronto o más tarde, si viene de la nada? Así pues, es necesario que sea absolutamente, o que no sea en absoluto.»[2] No puede, pues, haber tenido origen ni puede tener fin. Si tuviese origen, ¿de dónde procedería? No puede proceder de lo que es, ya que entonces no puede hablarse de origen (ya es el ser), no puede proceder del no ser, ya que el no ser no es.
"Igualmente ha de ser inmóvil e inmutable. Si el ser fuese móvil debería moverse en algo, pero este algo, ¿es o no es? Si es, el ser es en el ser y no puede ser móvil. Por otra parte no puede no ser puesto que lo que no es no es. Además, la mutabilidad o el cambio consiste en dejar de ser para ser otro. Pero el dejar de ser no es posible ya que sería aceptar el no ser. Por las mismas razones, no puede tener principio ni fin. Se da una identidad entre el pensar y el ser. Sólo el ser puede ser pensado, ya que el no ser, en cuanto que no es, no puede ni tan sólo ser concebido"[3].
En Aristóteles la "Metafísica" empieza buscando el objeto del saber más alto. La Sabiduría es una ciencia que busca las causas y principios primeros. Las causas son cuatro: causa material, causa eficiente, causa final y causa formal. Habría que determinar con más claridad la palabra aitía que en este escrito se lo traduce como "causa". Aitía viene de acusación, del dar fundamento, de hacer responsable. Vemos ahora que Aristóteles dice: "El ser capaz de enseñar es una señal distintiva del que sabe frente al que no sabe, por lo cual pensamos que el arte es más ciencia que la experiencia"[4] El que sabe sabe "lo que es" y no enseña "lo que no es". ¿Qué relación habría entre "lo que es" (to ón) y la "causa" (aitía)? La causa es la que da cuenta "lo que es", es el contenido del ser. Es aquella que hace responsable al ser, la que dice qué es el ser. Así, la virtud (es algo, to ón) es por ejemplo "un valor moral que...", y esta última frase es lo que se le acusa a lo que es, es decir, la esencia, lo que expresa la definición. De ahí que Aristóteles haya dado más importancia a la causa formal, es decir la ousía, la entidad. Pues la definición sería precisamente ella.
Cuando llega al estudio de la entidad, podríamos decir que en su intención de dar ejemplos de cómo se debe definir introduce lo que percibimos, lo que tenemos a la mano. La definición de hombre, de un animal, de Dios, de los números. Es ahí cuando Aristóteles empieza a bajar la mirada al mundo de los sentidos y en la búsqueda de aquella esencia de la definición encontrará una ontología, una física, una teología; pero siempre irá buscando definir "lo que es", mejor dicho, tratar sobre lo que es en tanto que es, una definición eterna, que no varíe, pues no es opinión. Es esa búsqueda de la ciencia inhallable, de la filosofía primera.
Con la época moderna, el interés filosófico se desplaza del ser al sujeto y al objeto del conocimiento y a la noción de sustancia. Tanto el racionalismo como el empirismo se preocupan por saber qué son las cosas (qué tipo de sustancia son, y cuáles son sus cualidades primarias y secundarias) y cómo es posible conocerlas (a través de la razón o a través de la experiencia, a priori, a posteriori).
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